Marta Herida

Hay piedras en tu canasta que nadie más puede ver

Y llegaste hasta aquí, que ya es mucho.

Sirves, sonríes, avanzas. Pero debajo de todo eso hay algo que duele y que llevas cargando desde hace más tiempo del que recuerdas.

Hay heridas que no se ven y por eso la gente asume que ya sanaron.

Tú sabes que no. Todavía está ahí.

Y encima de eso, la culpa de no haberlo superado ya. Como si el tiempo solo fuera suficiente.

No es debilidad. Es que esas cosas pesan, y nadie te enseñó a soltarlas.

Marta no estaba equivocada. Solo estaba cargada. Y dentro de ella, como dentro de ti, siempre estuvo María. La que suelta. La que descansa. La que hace espacio para lo que realmente importa. Las dos coexisten. Siempre han coexistido.


"Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas."

— Salmos 147:3


 Tu primer paso

Estoy trabajando en una jornada simple de 21 días para ayudarte a soltar. Poco a poco. Sin prisa. Sin perfección.

Si quieres ser de las primeras en saber cuando esté lista, apúntate aquí: